Ajuntament de Portell

"Els Pelegrins de Portell" camí de Sant Pere de Castellfort / "Els Pelegrins de Portell" camino de Sant Pere de Castellfort
"Els Pelegrins de Portell" camí de Sant Pere de Castellfort / "Els Pelegrins de Portell" camino de Sant Pere de Castellfort
Martes, Mayo 26, 2015 - 17:00
Doce hombres, sólo doce, frente a Dios
“Els Pelegrins de Portell” mantienen la austeridad de la peregrinación y la soledad que les ha caracterizado a lo largo de los siglos Un año más, como desde hace 501 años, hoy sábado a las cinco de la mañana, doce hombres de Portell acompañados por el cura y sus ayudantes, han salido hacia Sant Pere de Castellfort. Cumplirán así una tradición que data de 1514 según documentos del Obispado de Tortosa. De hecho, es una de las mejor conservadas del interior de Castellón; no tiene público ni visitantes. Menos conocida y publicitada que otras, puede presumir de mantener el encanto del misterio que lo rodea.

Cincuenta pasos separan cada uno de "Els Pelegrins de Portell" a la salida de la Iglesia, ordenados de mayor a menor. Vestidos con uniforme sencillo: camisa blanca, capa, rosario y un sombrero. Cada toque de campana marca el comienzo del camino para un nuevo peregrino. Las calles del pueblo están completamente vacíos. Los peregrinos emprenden una ruta que fue modificada en 1738 después de una disputa con los vecinos de Castellfort. Desde ese momento, el "camino de los Peregrinos" no ha variado. El último de los hombres lleva una campana para avisar al resto. Antiguamente sólo los hombres casados ​​podían ser peregrinos. Ahora, debido al despoblamiento, se admite a todos los que tienen vínculos con Portell. Siempre los acompaña un miembro del Ayuntamiento.

 

Durante el recorrido es costumbre hacer una reverencia ante todas las cruces que se pasan. También se reza frente a una piedra en la que, según cuenta la leyenda, murió uno de los penitentes. Caminan en silencio, no tienen permitido hablar. Pasadas unas cuatro horas desde la salida de Portell, llegan a Sant Pere de Castellfort. Son las nueve de la mañana. En la ermita se celebra una misa que recuerda todas las peregrinaciones que tienen como destino este punto, misa a la que asisten sólo los 12 peregrinos. Después de la misa, los peregrinos reciben el almuerzo preparado por el mayoral.

 

Según las órdenes episcopales, las mujeres tienen prohibido participar del almuerzo. Su presencia fue prohibida en 1514. El mayoral también es quien les proporciona la comida. Antiguamente se usaba una oveja y cuarenta litros de vino. La merienda es a base de huevo duro, aceitunas negras y queso de la tierra. Cuando avanza la tarde, los peregrinos vuelven a Portell, siguiendo el mismo orden que han llevado a lo largo del camino, entran en el pueblo con la caída de la noche. Al contrario que a su salida, ahora son recibidos por todas las peanas de la parroquia y por cientos de vecinos.

 

De Portell a San Pedro de Roma

 

La historia primitiva de esta peregrinación se remonta, según la leyenda, a la Edad Media. Doce hombres de Portell se decidieron a ir a Roma para pedir al Papa una solución a la grave sequía que sufrían. El Papa les dijo que para solucionar su problema con la lluvia, debían acudir a la ermita de San Pedro más cercana. De aquellos hombres se cuenta que sólo uno de ellos llegó a volver a Portell

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